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Víctor Baca

Si algo puede corromperte, ya estabas corrupto
Bob Marley

La percepción de la corrupción es del 88 por cada cien ciudadanos. Solo uno de cada 10 y éste debe ser alguien beneficiado por la misma razón. México (todo ciudadano que haya sido afectado por la corrupción y los malos servicios gubernamentales) no cree en el gobierno actual y no tiene por qué hacerlo. Aún recordamos los lamentos del pasado, pero sabemos que no es como afirmaba el ejecutivo que solo veíamos lo malo y no así lo bueno; simplemente no hay nada bueno que celebrar, si algo queremos tenemos que inventarlo…

No hay nada que celebrar (y si hay algo bueno, es una obligación mínima como ejecutivo federal). Esto es grave pues nadie cree en los hombres que hasta ahora gobiernan (si es que eso es gobernar) y empobrecen a todos a costa de lo que no es suyo. Ahora cambian hasta los valores.

No podemos olvidar que …

Un partido (el del poder, por supuesto) postuló (como siempre) a un hombre que había participado activamente, no solo en la perpetuación de este mal, sino que su supuesta virtud o virtudes, no son tales.

La grisura del presidente del partido que lo postulaba era hasta alarmante: recuerdo que alardeaba: No ha robado, es ciudadano y sí estudió. ¿En serio esas eran sus virtudes? No dicen que era tan culpable “el que mata a la vaca como el que le agarra la pata”. Y este señor, desde su pobre y burocrática actuación solapó, permitió y fomentó la corrupción. Ese mal que hasta ahora nos aqueja y tan difícil de acometer: todos se defienden.

Una máscara cubría su cara, pero no era de vergüenza sino de cinismo. Absurda discusión sobre la pigmentocracia…

La Hacienda mexicana hace años que no es hacendosa ni mira por la administración de ninguna casa que no sea la de los gobernantes. Solaparla no es virtud. La economía, que nunca han visto, es la de las casas normales, la de las familias, la de los ciudadanos que cada día cruzan las ciudades a pie para buscar la forma de no morir en el intento.

Desarrollo social fue otra de sus carteras (Meade y Rosario a la cabeza), justo en este país donde el desarrollo social solo piensa en los procesos electorales. El señor era maestro (estudió en el extranjero) en incrementar y desarrollar la pobreza y el hambre para, como buen neoliberal, comprar los votos en todos los procesos. La señora tendrá mucho que contarnos…

El hambre es igual a votos y éstos son señal vital de la pobreza y de la permanencia de los mismos gobernantes corruptos que hasta ahora, peor que Atila, “no deja yerba por dónde camina”. El jinete del hambre comanda sus proyectos y por ahí caminan todas sus victorias. Todos saben que la corrupción lastima, no a los que gobiernan sino a los que son gobernados pues el dinero que hurtan es de todos los ciudadanos. No sabemos de qué sirvió que haya estudiado en escuelas donde solo van aquellos que de alguna manera se han beneficiado de esto que ahora percibimos como corrupción. Nadie confiaba en el presidente, ni en su gabinete, ni en su partido, ya nadie confiaba. Simplemente no había en quién confiar.

Pensemos para iniciar que si algo nos puede ayudar a combatir de manera real la corrupción es la confianza: creo que podremos confiar… No perdamos la oportunidad…

 

Tomado de:  https://24horaspuebla.com/2019/08/18/corrupcion-y-confianza/

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